Bistró Ráfaga nació en un pasaje peatonal del centro, con la idea de cocinar lo que el mercado ofrece cada mes y compartirlo en tablas, con vinos de baja intervención y atención cercana del equipo en sala abierta.
Nuestra historia
En 2019 abrimos con una barra de seis lugares y una carta de cinco platos. El primer mes servimos solo los jueves, con reserva previa y un menú que cambiaba cada dos semanas. La cocina era un pasillo angosto y la bodega, un armario reciclado.
En 2021 sumamos el almuerzo ejecutivo entre semana. Fue la decisión que nos obligó a ordenar la producción: empezamos a comprar directo a tres productores de la Cordillera y a hacer nuestros propios embutidos. La carta pasó a tener una sección fija de tablas para compartir.
En 2023 ampliamos la sala a veinticuatro cubiertos y abrimos las cenas de viernes y sábado. Incorporamos una selección de vinos de baja intervención y cervezas de fermentación espontánea. El equipo de cocina salió a la sala abierta para contar de dónde viene cada ingrediente.
Hoy mantenemos la carta mensual, el vínculo con pequeños productores y la atención cercana. No buscamos crecer por crecer: preferimos consolidar una propuesta honesta, estacional y con identidad de barrio, donde cada mesa se reserva con nombre y apellido.
Nuestra historia
Silvia e Isabel empiezan a experimentar con tablas de quesos y embutidos propios en ferias de productores locales, con la idea de crear un espacio de cocina honesta y de cercanía.
Abrimos las puertas del Bistró Ráfaga en un pasaje peatonal del centro, con una barra de cocina abierta y una carta corta que cambia cada mes según la temporada.
Sumamos una huerta en las afueras de la ciudad que abastece parte de los vegetales que usamos en la cocina, fortaleciendo nuestro vínculo con el territorio.
Consolidamos un equipo estable y una red de pequeños productores que nos permite sostener una propuesta estacional, con vinos naturales y atención cercana en sala.