Del almuerzo ejecutivo entre semana a la cena con reserva de jueves a sábado: así organizamos nuestra cocina de temporada, las tablas para compartir y la selección de vinos naturales en el pasaje.
La propuesta de Bistró Ráfaga se organiza en tres maneras de sentarse a la mesa. Cada una tiene su propio ritmo, su carta y su forma de atención, pensadas para que elijas según el momento del día y la compañía.
De lunes a viernes, de 12:30 a 15:00, servimos un menú corto de dos tiempos que cambia cada semana. Incluye entrada, plato principal y postre casero, con opción de agregar una copa de vino natural de la selección rotativa. La atención es ágil porque el tiempo del mediodía no sobra, pero la cocina sigue siendo la misma: productos de mercado, vegetales asados al carbón y recetas que acompañan la estación.
De jueves a sábado, la cena funciona con mesa reservada. La carta se arma en torno a tablas para compartir: quesos artesanales de pequeños productores, embutidos propios y vegetales de temporada asados al carbón. El equipo de cocina trabaja en sala abierta, así que ves cada plato mientras se termina. La reserva nos permite ajustar las porciones y avisar a los productores cuánto necesitamos esa semana.
Si preferís algo más suelto, la barra está disponible desde las 18:00 sin reserva. Podés pedir una tabla individual, una copa de vino de baja intervención o una cerveza de fermentación espontánea, y quedarte conversando con quien atiende. Es el formato ideal para probar la propuesta sin comprometer toda la noche, y para conocer de cerca los productores que trabajan con nosotros.
Las cenas requieren reserva previa porque trabajamos con cocina de mercado y menú corto. Podés escribirnos por teléfono o mail indicando la cantidad de personas y si tenés alguna restricción alimentaria. Confirmamos el mismo día y guardamos tu mesa por quince minutos. Para grupos de más de seis personas, pedimos que avisen con al menos dos días de anticipación para ajustar la compra de productos.
Nuestra carta se arma según lo que ofrecen los pequeños productores locales en cada estación. Cuando un ingrediente deja de estar en su mejor momento, lo sacamos del menú y lo reemplazamos por otro que esté en plenitud. Así, lo que comés en marzo no es lo mismo que en julio. Las tablas de quesos artesanales y los embutidos propios también cambian según la maduración y la disponibilidad.
Son vinos elaborados con fermentación espontánea, pocos o ningún sulfito agregado y uvas de viñedos que trabajan sin herbicidas. Los elegimos de bodegas pequeñas que respetan el ciclo natural de la uva. Si no estás acostumbrado a este estilo, nuestro equipo en sala te recomienda una copa para empezar y te cuenta qué esperar de cada etiqueta sin vueltas técnicas.
Sí. Además de los vinos naturales y las cervezas de fermentación espontánea, tenemos kombuchas de producción local, jugos de estación y agua con gas de la casa. También preparamos un par de cócteles sin alcohol que cambian con la carta y usan los mismos vegetales y hierbas que cocinamos en la cocina.
No. El almuerzo de lunes a miércoles es un menú más ágil pensado para quienes tienen poco tiempo: un plato principal, guarnición y postre casero, con opción de agregar una copa de vino natural. La carta de la noche es más extensa, con tablas para compartir y platos para la mesa. Ambos usan productos de temporada, pero el ritmo y la propuesta son distintos.
Claro. Las tablas para compartir son una opción, no una obligación. Tenemos platos individuales que cambian cada mes y porciones pensadas para una persona. Si venís solo, también podés sentarte en la barra y ver de cerca el trabajo de la cocina en sala abierta. Es una forma distinta de conocer la propuesta y charlar con el equipo si te dan ganas.
Cada mes armamos la carta desde cero: elegimos productos, definimos las tablas, probamos los maridajes y abrimos las reservas. Este es el recorrido que hacemos para que cada visita tenga sentido.
Visitamos huertas, queserías y bodegas de la zona para ver qué está en su mejor momento. De ahí salen los vegetales, los quesos y los vinos que protagonizan el mes.
El equipo de cocina trabaja los ingredientes en la sala abierta: asados al carbón, fermentos propios y embutidos que maduran en nuestra cava. Probamos cada plato hasta que funciona solo.
Seleccionamos etiquetas de baja intervención que acompañen sin tapar. Probamos cada copa con cada tabla y ajustamos las combinaciones hasta encontrar el equilibrio justo.
Con los platos definidos, cerramos el menú corto y abrimos las reservas para las cenas de jueves a sábado. El almuerzo ejecutivo entre semana se arma con la misma lógica estacional.
Durante el servicio, el equipo de cocina sale a contar el origen de cada plato. Queremos que sepas de dónde viene lo que comés y por qué cambia cada mes.
Al cerrar el mes, revisamos qué platos funcionaron, qué productos rindieron mejor y qué nos piden los comensales. Eso define el punto de partida del próximo ciclo.